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«La guerra contra las drogas debe terminar»: la prestigiosa revista The Lancet toma partido

Han pasado 50 años del discurso del presidente de EE.UU, Richard Nixon, el 18 de junio de 1971. En él anunciaba la guerra de la administración estadounidense contra las drogas. Nixon declaró que el abuso de drogas era «el enemigo público número uno de Estados Unidos». A pesar de que Nixon mencionara en su discurso «la rehabilitación, la investigación y la educación», la guerra contra las drogas fue una ofensiva, con intervenciones militar, elevadísimas tasas de arresto y sentencias demasiado duras. EE.UU. soportó un enorme coste, tanto financiero como social, siendo los más marginados y vulnerables los que sufrieron las consecuencias mayores. Cinco décadas después, y a pesar de los múltiples cambios de administración, no hay señales de victoria».

Así comienza el artículo, que continúa explicando que: «El consumo de drogas sigue al alza, hay un 13,0% (35,8 millones) de norteamericanos mayores de 12 años que en 2019 declaró haber consumido una droga ilícita el mes anterior a la Encuesta Nacional sobre el Uso de Drogas y la Salud. Ese mismo año se produjeron 70.630 muertes por sobredosis, de las cuales 49.860 estaban relacionadas con los opiáceos (incluidas 14.139 debidas a opiáceos con receta).»

Pero el estudio va más allá de los Estados Unidos, y para poner de manifiesto el daño que este enfoque ha causado en el resto del mundo, vincula la guerra contra las drogas con los datos sobre el VIH: “Aunque el VIH era desconocido en la época del discurso de Nixon, el destino de la guerra contra las drogas y la epidemia del VIH están relacionados. Se calcula que de los 1,2 millones de personas con VIH en EE.UU., 186.500 han contraído el virus a través del consumo de drogas inyectables. Aunque en los últimos cinco años se ha producido un descenso general de los diagnósticos de VIH en EE.UU., las infecciones por consumo de drogas inyectables están aumentando. Si se quiere alcanzar el ambicioso objetivo de acabar con el VIH en EE.UU antes de 2030, las necesidades de los consumidores de drogas inyectables serán una parte fundamental de la estrategia«

Después de analizar la situación a nivel global, The Lancet ofrece un consejo: «Las herramientas para prevenir los daños, incluido el contagio del VIH en las personas que se inyectan drogas, están respaldadas por una amplia gama de pruebas. Negarse a aplicar estrategias basadas en la evidencia no sólo es moralmente incorrecto, sino que también es una decisión económicamente equivocada: se calcula que por cada dólar gastado en programas de servicios de jeringuillas en los Estados Unidos, se ahorran entre 6,38 y 7,58 dólares. Sin embargo, el informe de Global State of Harm Reduction 2020 de Harm Reduction International, muestra un deterioro en la aplicación de las medidas de reducción de daños».

Por último, tras una breve parte en la que el periódico espera que la administración Biden, a pesar de las señales contradictorias, pueda marcar un nuevo rumbo, escriben de forma lapidaria que: «La guerra contra las drogas debe terminar. Nuestro anterior editorial sobre el tema destacaba a Portugal como un ejemplo que otros países deberían seguir. La despenalización del consumo personal de drogas, junto con el aumento de los recursos para el tratamiento y la reducción de daños, y junto a iniciativas más amplias para reducir la pobreza y mejorar el acceso a los servicios médicos, podría transformar la vida de las personas afectadas. Este cambio podría representar algo por lo que merezca la pena luchar.

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Autor: un equipo de periodistas independientes

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