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Memorias de un trotamundos compulsivo – #3

Aquella vez que oriné sobre mi portátil…

La vida de un hombre se divide en tres etapas: ningún día de resaca, un día de resaca y dos días de resaca.

A estas alturas me encuentro en la tercera y última etapa de la vida, atrapado como un titán en el abismo del Tártaro, torturándome con un doble día de resaca que incluye: desayuno inglés, ducha con agua helada, masaje en las sienes y dolor de barriga, mucho dolor de barriga. 

Pero esta aventura no se refiere al presente sino al pasado. Hace unos diez años, cuando aún estaba en la segunda etapa de un mísero día de resaca, vivía en Londres, una ciudad que te vivifica o te entierra. Trabajaba en un clásico English pub donde o te drogabas o te metias de hostias con la persona sentada al lado tuyo, estilo ‘Barfly’ de Bukowski.

En una lúgubre noche de noviembre mi amigo Esteban me pide irnos de fiesta, que me tiene que hablar de algo importante. Como muchas veces en mi vida, también esta vez cometo el error de hacerle caso a mis amigos. Después de dos ron con cola, se me acerca y me pide acompañarle al baño para meterme una raya. Me rehúso pero igual decido escoltarle. Al agacharse delante de la tapa del inodoro me pregunta una vez más si quiero esnifar, pero recibe mi segundo no. Al preguntarle cuál era el asunto importante, se da la vuelta mirándome en los ojos con cara de cadena perpetua, dejando la raya de MDMA reposando sobre la tapa, y me dice: – Voy a ser papá!

Este fue el último recuerdo de aquella noche. La mañana siguiente abro los ojos, trato de levantarme de la cama en mi mini habitación londinense pero mi cuerpo pesa como la ropa mojada. Voy para prender el portátil pero no se enciende. Noto un charquito de líquido por debajo del teclado, voy para olerlo y sabe a meado. Doy dos pasos hacia atrás y veo que había orinado en las paredes también. He pasado la noche haciendo mi propia guerra a Bill Gates y a Microsoft.

Estilo película ‘Hangover’ tuve que hablar con mis amigos para saber qué demonios había ocurrido la noche anterior, llegando a la conclusión de que al final yo también me metí esa maldita raya de MD. Esa fue mi última experiencia con las drogas, pero fue el primer día de mi nueva etapa de dos noches de resaca. El crepúsculo de la juventud, abriendo las puertas a la era de los ‘Viejovenes’ como diría el antipoeta Nicanor Parra.

PD: cuando escuchen a alguien decir que el gato ha meado en su portátil, que sepan que no ha sido el felino.

 

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Por AkiraGibran, viandante adicto al
oxígeno. Sus mayores enemigos son el
sentido común y la rutina.

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