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Memorias de un trotamundos compulsivo – #1

Aquella vez que comí serpiente… 

En una de mis etapas como saltimbanqui, me encuentro en Hanói, capital de un país salvaje y harmónico llamado Vietnam

Vietnam es famoso por ser la nación donde todo lo que se mueve se puede comer: da igual que tenga 2, 4 u 8 patas, lo puedes cocinar, pasando por encima de todas la leyes internacionales de protección de los animales. Perros, gatos, ratas, arañas, serpientes… sí, serpientes.

Era un sábado de resaca, estaba desayunando huevos revueltos con beicon y tomándome una buena pinta de la Sangrienta María (Bloody Mary): suena el teléfono, es Justin, amigo gringo:

  • Vamos a comer algo de puta madre (habla inglés pero sabe decir ‘puta madre’), ¡vente! 
  • Quienes van? 
  • Tu, yo y mi novia Giang (una mujer vietnamita de 1.50 de bajura y 40 kilos de peso) 
  • Lo siento compadre pero me acabo de levantar y me duele hasta el alma
  • Pero si vamos a comer serpiente… 
  • Dame 5 minutos y salgo de casa! 

Saco mi moto, pero llueve. Por si no saben cómo es un día normal en la temporada de las lluvias en el sureste asiático; es como si un entero coro de ángeles estuviese meando encima de tu cabeza. Diez centímetros de agua en la superficie, y manejar la moto se convierte en un GTA. 

Llegamos al restaurante, completamente vacío. Nos dicen que tienen dos serpientes, una cobra y un pitón. Traen primero la cobra en un saco rojo, lo extraen y sale una bestia de 2 metros más cabreada que Saturno devorando a sus hijos. Nos dicen el precio (60 euros), elegimos el pitón, que cuesta la mitad y es la mitad de ancho y largo. Aquí comienza el ritual, donde lo matan delante tuyo y te sirven 3 chupitos, uno con su corazón, uno con su sangre y uno con su bilis, tienes que tomarte los tres. Legados a este punto, y con la sutileza de una mujer, dejo que mi amigo Justin se encargue de tomar el corazón, que al parecer aumenta el poder viril de un hombre. Yo me encargo de los otros dos aunque no tengo ni puñetera idea de las virtudes que te brindan, pero mezclados con alcohol de arroz me los tomo igual. 

Luego, se llevan la serpiente muerta y nos la devuelven cocinada en 8 diferentes platos: sopa, frito, hervido, en parrilla, hasta la piel crujiente nos comimos. Voto final: 4. Sabor a pollo que se ha tomado esteroides anabólicos.  

Volvemos a casa a las 5 de la tarde, con la sensación de que hemos asistido a un espectáculo injusto pero curioso al mismo tiempo. Asia es un continente que no para de regalarte sorpresas, su cultura impacta nuestros ojos y nuestro espíritu, pero como dijo Nietzsche: ‘La sencillez y naturalidad son el supremo y último fin de la cultura.’                                                                                               

 

 

 

 

Por AkiraGibran, viandante adicto al oxígeno. Sus mayores enemigos son el sentido común y la rutina. 

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