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Meta-anfetamina, cocaína y opio, los estudiosos no tienen dudas: Hitler era un drogadicto

Hitler era un teórico de la superioridad de la raza aria y del culto de la potencia innata del superhombre (de inspiración nietzschiana), pero en realidad necesitaba recurrir a drogas pesadas para cada momento de su vida: excitantes para aguantar el estrés de los discursos públicos, ansiolíticos para superar las paranoias y opiáceos para descansar.

La noticia es de buena fuente: el nuevo libro del periodista alemán Norma Ohler. Ahí lo pone todo y se publican testimonios directos como los sacados del diario personal de Theo Morell – médico personal del dictador – que hablan de la adicción del jefe nazi al potente opiáceo de síntesis llamada oxicodona, que Hitler asumía por via intravenosa.

«Hoy he prescindido de las inyecciones para que los agujeros de los anteriores pinchazos se cicatricen», escribe el doctor en el diario quejándose de no encontrar más venas sanas en las que inyectar la sustancia al Fuhrer. «En el codo izquierdo bien, en el derecho aun hay puntos rojos y moratones donde se han hecho las inyecciones», comenta en el escrito.

La oxicodona es un opioide de semi-síntesis patentado en los años ‘30, tiene propiedades muy parecidas a la morfina pero es más potente. Produce una fuerte adicción, sobretodo si se inyecta como hacia Hitler, y tiene efectos secundarios muy pesados como alucinaciones, ansias y euforia.

En una entrevista para el periodico británico Daily Tepegraph, el periodista Norman Ohler dice que Hitler empezò a tomar Oxicodona a raíz de una crisis nerviosa en 1944, tras quedar herido en el atentado que otros generales nazis intentaron contra él.

Siempre según Ohler, la oxicodona jugó un papel decisivo en la conducta paranoica que el dictador tuvo en el último periodo de su existencia, concluida el 30 de abril de 1945 con el suicidio en el bunker de la cancillería de Berlín a la llegada de los soviéticos. El periodista ha dicho al diario que en su opinión «a partir de 1944 Hitler no tuvo ni un día de sobriedad», y se volvió «paranoico y ansioso».

No es la primera vez que investigaciones de cierto nivel ponen en evidencia la multi-adicción del jefe de la Alemania nazi. Durante la segunda guerra mundial los servicios de inteligencia americanos tenían documentación que afirmaba que Hitler asumía unos 74 medicamentos diferentes, la mayoría de los cuales con propiedades psicótropas.

En concreto, el Fuhrer abusaba de «meta-anfetaminas, tranquilizantes, barbitúricos, estimulantes y morfínicos». Los nuevos datos aportados por Norman Ohler parecen confirmar que el delirio provocado por esta multi-adicción a las sustancias, haya en parte provocado los horrores de este oscuro periodo de nuestra historia.

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